El cambalache de Marlen - Número 9

 

 

San Juan, patria chica de Sarmiento

Pocas regiones del país ofrecen al turista tantos contrastes como San Juan: nieves eternas y llanuras calcinadas por el sol, vergeles y desiertos, extensas zonas de médanos, ríos y arroyos de aguas cristalinas y por encima de todo un cielo casi siempre diáfano.

San Juan es una de las provincias que integran la región de Cuyo, que estamos visitando. La capital de la provincia es el punto de partida para conocer estos paisajes, por un circuito que nos llevará por los sitios más atrayentes y multicolores que pueda uno imaginarse.

Los aborígenes vivían en las llanuras y valles de la actual provincia y todavía pueden verse los sitios donde los indios huarpes tallaban en piedra sus puntas de flecha para la caza y la pesca.

El 13 de junio de 1562, por orden de García Hurtado de Mendoza y un poco más al norte que la ciudad de Mendoza, se funda otra villa "que se ha de llamar San Juan de la Frontera", según la orden de fundación.

En el atardecer del 15 de enero de 1944, la ciudad de San Juan fue prácticamente destruida por un terremoto. Los científicos no recuerdan una oscilación de mayor magnitud sísmica (7,8 en la escala Mercalli), y los vecinos aún llevan grabada en su memoria los detalles del horror. Más de 10000 muertos y San Juan hecho un campo de ruinas y barro.

Pero los argentinos se volcaron hacia los sanjuaninos, se abrieron cuentas bancarias que crecían rápidamente y se reconstruyó la ciudad con pocas alturas y mucho hierro, y las más novedosas medidas antisísmicas.

De la vieja San Juan quedan algunos edificios restaurados: el Convento de Santo Domingo y la casa donde, en 1811, nació Domingo Faustino Sarmiento, hoy convertida en museo.

Es una casa colonial, chata, cuadrada y con rejas, ordenada alrededor de un patio con una vieja higuera que da sombra y nos hace pensar en siestas pueblerinas. Aquí doña Paula Albarracín, madre del que fuera presidente de la Argentina, tejía en su telar que aún se conserva, junto con otros objetos de uso del prócer.

El propio Sarmiento relata en "Recuerdos de provincia": "La casa de mi madre, la obra de su industria, cuyos adobes y tapias pudieron computarse en varas de lienzo tejido por sus manos para pagar su construcción".

En esta vivienda familiar nació el "maestro de maestros", desde aquí escribía en "El Zonda", periódico que llevaba el nombre del viento sanjuanino (el zonda es un viento seco y caluroso que castiga la región con velocidades que promedian los 100 km/hora), aquí se convirtió en el "salvaje unitario" para los rosistas, y tuvo que marchar a Chile hasta la caída del tirano.

Un paseo por la ciudad debe incluir la plaza 25 de Mayo con modernos edificios como el Correo, las oficinas del gobierno y la Catedral, donde reposan los restos de Fray Justo Santa María de Oro, primer obispo de San Juan y diputado en el Congreso de la Independencia, un hombre de la iglesia que apoyó al pueblo en su lucha contra los godos.

Los principales hoteles en la ciudad son el Nogaró, el Alkazar y el Bristol.

Al recorrer la provincia de San Juan se ofrecen varias posibilidades para excursiones. Se destaca la visita a la Quebrada del Zonda, zona de cerros abruptos que bordean las márgenes del río San Juan y donde se encuentra el embalse de Ullum. Con esta presa se formó un extenso lago de 4000 hectáreas que regula las oscilaciones del río, permite obtener agua para el riego y genera electricidad.

Cerca está el autódromo internacional del Zonda y funcionan recreos y clubes náuticos.

No menos interesante resulta un paseo hasta los baños termales La Laja, con aguas que surgen a 27 grados, en cuyo antiguo establecimiento hotelero funciona un museo de arqueología, entre cuyas piezas más destacables figuran varias momias de indígenas rescatadas en la cordillera sanjuanina.

Siguiendo por la ruta 12 hacia la cordillera, llegamos a Calingasta, un apacible valle cordillerano donde hay manzanares, viñedos y bodegas, y único lugar de América Latina donde se elabora el calvados. Calvados es una región del norte de Francia donde se elabora un exquisito coñac de manzanas (el coñac tradicional se hace con uvas) y que ha dado nombre a esta apreciada bebida que se añeja en cubas de roble entre 25 y 30 años. Se suele tomar como el coñac, calentándolo un poco en copa amplia, o frío con hielo, o agregándolo al té o al café.

La villa de Calingasta tiene hermosas alamedas y canales que surcan el casco urbano.

Cercano a las moles cordilleranas, a 2400 metros de altura, se encuentran los antiguos establecimientos mineros de Castaño Viejo. Se trata de minas de plata muy explotadas y ya abandonadas que se pueden visitar.

Este aspecto de la provincia es poco conocido. San Juan tiene una extraordinaria riqueza minera que se comenzó a explotar hace siglos. En la ruta que comunica Talacasto con Iglesia están las ruinas de la mina de oro de Gualilán, donde se trabajó en tiempos de Sarmiento (1811-1888), cerca de Barreal se encuentra el gran yacimiento de cobre El Pachón, que todavía no está en explotación y cerca de Calingasta se extrae sulfato de aluminio, utilizado en la planta purificadora de agua de Obras Sanitarias de Buenos Aires.

Si se sigue hacia el sur por la ruta 412 se pasa por un hermoso anfiteatro natural llamado El Alcazar, inmensa mole rocosa erosionada por el viento que nos recuerda un palacio. Según la leyenda, una princesa indígena, desdichada por el amor no correspondido de un conquistador español, se suicidó arrojándose desde lo alto de estas peñas multicolores.

Desde aquí  se llega hasta Barreal, adonde se puede realizar una excursión hasta el Complejo Astronómico Leoncito, con dos observatorios con modernos instrumentos para la observación del espacio. La diafanidad de la atmósfera permite la observación astral un promedio de 275 noches al año.

Y para los más deportistas, se puede visitar la zona de Barreal Blanco, llanura de suelo arcilloso, de superficie lisa y dura con un desnivel que no sobrepasa los 4 milímetros, donde se hacen competencias de "carrovelismo", una especie de triciclos a vela.

En la zona norte de la provincia se puede visitar Jáchal, zona de cultivos de ajo y cebolla, muy cerca del cual se hallan las termas de Agua Negra y de Agua Hedionda y el embalse Los Cauquenes, el Complejo Hidroeléctrico Cuesta del Viento, ruinas arqueológicas, aguas termales, caminos sinuosos con espectaculares paisajes de la cordillera, frutales y viñedos que convierten a San Juan junto con Mendoza en las dos provincias argentinas vitivinícolas por excelencia (los expertos dicen que el rendimiento de uva por hectárea en la provincia, es el mayor del planeta), cañadones impresionantes con ríos donde se practica el kayakismo y hasta una reserva de vicuñas en San Guillermo, una extensa altiplanicie de 980000 hectáreas donde miles de ágiles vicuñas pacen y procrean en total libertad.

Merece la pena la visita a alguna de las bodegas de la provincia: Bodegas Fabril Alto Verde, Graffigna, Champañera Miguel Mas (una bodega de reciente creación, 1998 donde se elaboran vinos espumantes, aceto balsámico y vinagre orgánico de excelente calidad), Antigua Bodega, San Juan de Cuyo, La Guarda, etc.

En Jáchal es imperdible la visita a los molinos harineros (hay cinco), que fueron declarados Monumento Histórico Nacional por el Congreso argentino. Son construcciones del siglo XIX, que marcaron el período más floreciente de la economía productiva de la región y guardan todo el estilo arquitectónico de aquella época, con mecanismos antiquísimos, que constituyen una verdadera joya de la industria de antaño. Tres de esos molinos, el de Sardiña, el de García y el de Huaco (a unos 40 kilómetros de Jáchal), fueron restaurados y funcionan como en sus mejores épocas.
Pero también hay atrayentes paseos que permiten descubrir antiguas casonas, estancias e iglesias centenarias, o conocer la iglesia de Jáchal, con su Cristo Crucificado traído de Potosí a fines del siglo XVIII -también llamado «El Señor de la Agonía»-, que es de tamaño natural, de color negro y de cuero.

Entre Rodeo e Iglesia se encuentran las Termas de Pismanta (en araucano: sol que castiga sobre la mano derecha), con su hotel gerenciado por los propios empleados y las vertientes naturales ubicadas a 2.010 msnm, que tienen propiedades curativas. Las aguas volcánicas y livianas, con una temperatura de 38° a 45°, están contenidas en baños individuales y en la piscina del hotel.

Desde Iglesia, el Paso Internacional de Agua Negra conecta a San Juan con la República de Chile. Para llegar al límite entre los países, es necesario tomar la Ruta Nacional 150, que conduce desde las localidades sanjuaninas de Jáchal y Rodeo, a las chilenas de La Serena y Coquimbo (Océano Pacífico).

Agua Negra es una zona de espectacular belleza. El paisaje deslumbra por la fauna cordillerana, los altos picos y los llamativos penitentes, extrañas formaciones de hielo que se producen en muy pocos lugares del mundo.

Si se hace el trayecto en coche, hay que tener en cuenta que Las Flores es el último poblado que se encuentra antes de emprender viaje hacia Chile, allí está el Automóvil Club Argentino y esta será la última posibilidad de cargar combustible antes del cruce. La próxima estación de servicios está en el país trasandino.

Además hay que saber que el paso sólo está abierto de 8.00 a 18.00, y sólo en época estival.

Pero una visita a la provincia de San Juan no podría considerarse completa sin una excursión al pasado remoto de la tierra, que queda a la vista en una vasta hondonada cuya denominación geográfica es Ischigualasto y que turísticamente se conoce como Valle de la Luna.

Desde la ciudad de San Juan salen micros a ese extraño paraje. El itinerario es por la ruta nacional 141 hacia el este. Se pasa por Caucete, por el santuario de la Difunta Correa y en Marayes se dobla hacia el norte para llegar hasta San Agustín del Valle Fértil. La capital sanjuanina está a algo más de 400 kilómetros del Valle de la Luna.

Sarmiento no es el único hijo de Cuyo que marca, con su peculiar trayectoria personal, la historia de los argentinos. El viajero que recorre las rutas asfaltadas o los caminos de ripio de nuestra patria, conocerá muy pronto a la Difunta Correa, alma sanjuanina que se venera desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego. En las cunetas, a la Difunta se le hacen altares, templetes y minúsculas capillitas, donde los viajeros van dejando trozos del coche o camión, matrículas, cubiertas usadas, bujías, y botellas llenas de agua. La explicación es que la Difunta es la protectora de los que atraviesan los caminos argentinos en los que muchas veces la falta de socorros y hasta de tránsito habitual, hacen de cualquier percance un gravísimo problema.

La historia cuenta que Deolinda Correa, en la época de las luchas entre federales y unitarios, salió en busca de su marido, prisionero de los contrarios, por el camino de la capital a Valle Fértil. Se metió por el desierto, calculó mal la distancia y agotó sus provisiones y sobre todo el agua. Las fuerzas la abandonaron y murió. Bajo el sol abrasador encontraron su cadáver, protegía a su pequeño hijo que mamaba la leche del pecho inerte.

La leyenda creció y se hizo mito en la fe popular. El santuario, que se puede visitar, es una extraña mezcla de espaciosos lugares de descanso para los peregrinos, puestos de comida y de bebida, esculturas todas con el mismo motivo del cuerpo de una mujer yacente con un pecho desnudo sobre el que se tiende una criatura y miles de placas y chapas de vehículos. El santuario es muy concurrido, especialmente en Semana Santa, cuando se hace una gran peregrinación.

Pasado este lugar, y por el rumbo que seguía la desdichada Deolinda, se llega a uno de los lugares más raros del planeta. La carretera huye de la verde Sierra de Pie de Palo, donde se esconde el puma que ataca las ovejas y las cabras de las gentes del lugar. Valle Fértil es un rebrote de verdor en medio del desierto de cardones y quebrachos, y finalmente, cerca del límite con la provincia de La Rioja, llegamos al señorío del viento sobre la tierra y las rocas desnudas: Ischigualasto, nombre que le dieron los indios en homenaje a un cacique huarpe.

Esta reserva natural, que fue zona de paso de arreos de ganado camino de Chile, es un lugar de orgía para geólogos, paleontólogos y zoólogos, y para todo aquel que ama la naturaleza en sus diferentes aspectos. Kilómetro a kilómetro se suceden las formaciones y cambian los colores, y pasamos la vista de unos gigantescos hormigueros de greda lamida por el agua, todos ellos con vetas iguales que van del verdoso al ocre claro; a moles catedralicias de arenisca labrada por el viento, de un rojo fortísimo en contraste con el azul intenso del cielo.

Como productos de sueños desvariantes,  y desafiando a la gravedad, se yerguen moles a las que la imaginación popular les ha ido dando nombres: la Cancha de Bochas, la Paloma, la Lámpara de Aladino, el Hongo, el Submarino, etc.

Y completando este espectacular teatro, la vista de los fósiles que la erosión va haciendo aflorar. Toda una eternidad a la vista, 180 millones de años, convierten al visitante en un insignificante ser lleno de preguntas.

Grabados en piedra quedan los helechos de una selva desaparecida, un bosque de piedra desafía los remolinos levantados por el viento, en este lugar aparecieron los más antiguos dinosaurios, que vivieron hace 230 millones de años, muestras silenciosas de unos seres que evolucionaron, convivieron con otras especies y finalmente se extinguieron en la escala evolutiva de la tierra.

Locura de formas y colores, hace millones de años aquí había un lago, hoy el agua es anécdota y el verde escasísimo, miles de seres han dejado su esqueleto en estas piedras negras.

Teniendo la historia del mundo ante los ojos, uno se cuestiona la poca importancia que damos a nuestro entorno y la destrucción que estamos causando, con más palabras bonitas y buenas intenciones volcadas a la prensa, que hechos reales y efectivos.

Volvemos a la capital de San Juan con la impresión de haber hecho un viaje en la máquina del tiempo, y con recuerdos en la maleta: vinos, champagnes, botellas de aceite, tejidos a telar artesanales, alfarería y los riquísimos dulces de Tudcum, hechos con frutos cultivados en la zona.






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