El cambalache de Marlen - Número 8

 

Cueca: "Los sesenta granaderos"
Letra de Hilario Cuadros

Música de Félix Pérez Cardozo

 

Ante el Cris, ante el Cristo Redentor,
se arrodi, se arrodillaba un arriero
y roga, y rogaba por las almas
de los bra, de los bravos granaderos.
Nuestra Se, nuestra Señora de Cuyo
contempló la cruzada de los Andes
y bendijo al General San Martín,
el más gran, el más grande entre los grandes.
Eran se, eran sesenta paisanos,
los sesen, los sesenta granaderos,
eran va, eran valientes cuyanos
de cora, de corazones de acero.
Cuna de, cuna de eternos laureles
con que se, con que se adorna mi patria,
es Mendo, es Mendoza la guardiana
por ser la, por ser la tierra más gaucha.
Quiero elevar mi canto como un lamento de tradición
para los granaderos que defendieron nuestra nación.
Pido para esas almas
que las bendiga nuestro señor.
Quiero elevar mi canto como un lamento de tradición
para los granaderos que defendieron nuestra nación.
Pido para esas almas
que las bendiga nuestro señor.

 

 

Como despedida de la región de Cuyo, quisimos hoy recordar esta hermosa cueca que cantábamos en la escuela, como homenaje al Libertador y a su regimiento de Granaderos a Caballo. Regimiento que fue formado, seleccionando el propio San Martín uno a uno los soldados y oficiales, "todos ellos jóvenes de alta talla física y moralmente sanos".

Con su vistoso uniforme de paño azul con vivos rojos, sable corvo, botas de cuero y espuelas, el heroico escuadrón derramó su sangre en las luchas por la independencia, y se hizo acreedor a ser, hasta el día de hoy, la guardia personal del Presidente de la República.

La canción "Los Sesenta Granaderos", obra representativa de nuestro folclore, pone en foco las figuras del arriero y el Cristo Redentor, dos iconos de la identidad de Mendoza.

El Cristo Redentor es una monumental escultura de Mateo Alonso, emplazada a 4.000 metros de altitud en el límite entre Argentina y Chile, muy cerca de la localidad de Las Cuevas.

Fue emplazado allí en 1904, para simbolizar los compromisos de paz perpetua, renuncia a la carrera armamentista y empleo del arbitraje como mecanismo de solución de controversias, firmados el 28 de mayo de 1902 entre los gobiernos de ambas naciones, tratado conocido como los "Pactos de Mayo".

El lugar elegido para emplazar el monumento era muy familiar a los arrieros.

Por allí habían pasado durante 350 años para asegurar el comercio entre Cuyo y Chile.

En ese lugar debieron enfrentar el frío, el viento blanco, las tempestades y el miedo.

Por allí cruzaban los rebaños de ganado en pie para abastecer a los mercados chilenos; por allí cruzaban sus mulas, con sus cargas de pasas de uva moscatel, sus zurrones de yerba mate, sus cajones de jabón y sus telas.

De esta manera, los arrieros garantizaban un mercado externo para Mendoza y fomentaban la producción de riqueza, generaban un importante excedente y contribuían a mejorar la calidad de vida de los mendocinos.

 

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