El cambalache de Marlen - Número 8

 

 

Mendoza, conversando con los cóndores

Seguimos hoy nuestro recorrido por la provincia de Mendoza. Desde la capital de la provincia, la ciudad de Mendoza, comienzan los dos tramos de una de las carreteras más extensas del país: la ruta nacional 40.
Hacia el norte, después de 1.500 kilómetros, termina en Abra Pampa, provincia de Jujuy, y hacia el sur, después de más de 3.000 kilómetros, la ruta llega hasta Punta Loyola, cerca de Río Gallegos en la provincia de Santa Cruz. Como se darán cuenta, en Argentina hablamos de kilómetros como aquí en Europa podríamos hablar de metros, ya que las distancias son descomunales.
Hoy tomaremos esta ruta 40 hacia el sur, para conocer una hermosa zona precordillerana.
En las cercanías de Mendoza, los viñedos y las alamedas dominan la escena, y aquí vale la pena que hablemos un poco de los vinos mendocinos.
En estas tierras donde los ríos traen el agua de las nieves y las napas subterráneas son de abundante riqueza, hay lagares desde hace más de 400 años. La vid se cultivó para dar el característico "vino patero" (de "pata" o pie, o sea pisado) que cruzaba el país hacia el sur en caravanas épicas.

La cantidad no era mucha y es noticia histórica que a las pulperías de la pampa llegaba con agua de más.
Sólo sería a fines del siglo XIX, con la llegada de inmigrantes de tierras con tradición vitivinícola (franceses, italianos y españoles), cuando empezase un planteamiento i
ndustrial de la mayor riqueza de Cuyo.
Mendoza y San Juan producen un 90% del vino argentino, el otro 10% sale de Salta, y la Argentina es el cuarto país productor de vino del mundo.
La vid fue desplazando al otro cultivo mediterráneo de la zona, el olivo, y al ganado y a las hortalizas.
Hoy se extiende por cientos de miles de hectáreas, los embalses retienen el agua de deshielo andino y la reparten por canales y surcos hasta las plantaciones de espalderas y parrales (conviven los cultivos al modo francés y las que se hacen como en el noroeste de España).
Entre las curiosidades del vino en esta región, podríamos citar que la población viñatera de Maipú posee un “vinoducto” que, corriendo entre las copas de los altos árboles, vincula una de las bodegas más grandes del mundo con la estación de ferrocarril, previendo la descarga de 70.000 litros de vino por hora.
Un destacado atractivo de la provincia que puede disfrutarse durante todo el año es el recorrido por Los Caminos del Vino.
Mendoza dispone de cuatro zonas vitivinícolas que concentran más de 150.000 hectáreas de vid.
La zona del Centro Oeste está ubicada a pocos kilómetros de la Ciudad de Mendoza, concentra gran número de bodegas abiertas al turismo y una importante cantidad de museos y sitios históricos.
La zona del Valle de Uco es una región que ha tenido un enorme desarrollo en los últimos años, con la implantación de una gran superficie de viñedos por parte de las más importantes bodegas argentinas y numerosos inversores extranjeros.
La elección no ha sido casual, situada al pie de la cordillera de los Andes, con un paisaje inigualable y con altitudes promedio superiores a los 1.000 metros, el Valle de Uco es un lugar privilegiado para la producción de uvas y vinos de altísima calidad.
La zona del Sur de Mendoza es elegida por miles de personas para realizar todo tipo de actividades como esquí, deportes acuáticos y turismo de aventura. Pero también cuenta con un bien ganado prestigio vitivinícola.
San Rafael y Gral. Alvear son lugares donde se producen vinos y espumantes.
En cuanto al Valle Central,
al este de la provincia, posee la mayor extensión de viñedos de Mendoza y desde hace algún tiempo vive una importante reconversión de sus uvas y bodegas hacia la producción de vinos de alta calidad. El Valle Central, con sus largos caminos arbolados y sus acequias, también le saca misterios a la tierra y los libera en los paladares.
El vino es la piedra filosofal de la vida en las provincias cuyanas, y ningún visitante de la región debiera irse sin visitar alguna de las numerosas bodegas.
En Mendoza los vinos son de una uniformidad de sabor y calidad que causa asombro a quien venga de tierra vitivinícola donde manda el microclima, y esto es debido al clima seco, a los inviernos fríos y a los calores del verano suavizados por la altura, aunque con mucho sol.
Los cielos y las tierras cuyanos ven nacer así tintos del tipo Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir y blancos de tipo Chardonnay, Semillón y Chenin, y hasta un Riesling que en nada desmerece al producto originalmente alemán.
Antes de presentarse en una bodega, conviene averiguar en la Dirección de Turismo si se aceptan turistas y cuáles son sus horarios.
Sigamos nuestro camino hacia el sur.
A la altura del pueblo de Ugarteche, parte hacia la izquierda un camino que lleva al extenso lago artificial de El Carrizal, donde se puede acampar, pescar y practicar deportes náuticos, amén de disfrutar de una hermosa
naturaleza. Siguiendo nuestro recorrido por la ruta 40, pasamos por la pequeña ciudad de Tunuyán, desde donde por el Valle Los Manantiales se llegaba a Chile, cuando el paso de La Cumbre estaba cortado. Hoy esta ruta está intransitable.
A 40 kilómetros al sur de Tunuyán, en el paraje Pareditas, el camino se bifurca, y la ruta 40 se transforma en una ancha pista de ripio que lleva a la represa Agua del Toro, sobre el río Diamante.
Construida entre 1964 y 1982, esta represa está formada por una bóveda de hormigón de doble curvatura y de diseño elegante. Su altura es de 118 metros.
Esta es una zona con muchos lugares para pescar y practicar deportes acuáticos.
Desde el imponente paredón de Agua del Toro, la mayoría de los viajeros prefieren tomar hacia San Rafael, importante ciudad del sur mendocino.
Un paseo por San Rafael y sus alrededores, permite enterarse de lo que es capaz de realizar el hombre si dispone de ingenio... y de agua.
La ciudad se construyó en terrenos que hasta principios de siglo, eran desérticos. Mediante el riego la zona se convirtió en un verdadero oasis.
San Rafael tiene anchos bulevares, bordeados de frondosas arboledas, y edificios públicos muy modernos.
Se puede visitar la isla del río Diamante, donde hay un vivero y el Museo Municipal de Historia Natural. En sus salas se exhiben valiosas colecciones de minerales, fósiles y muestras de paleontología y folklore regional.

La zona del sur de Mendoza estuvo poblada por la tribu sedentaria de indios huarpes, que llegaron a desarrollar una cultura cerámica tosca, y por los araucanos y tehuelches que eran cazadores y recolectores.
Convivían en aldeas y su subsistencia estaba basada en el cultivo precario del maíz, la papa (patata) y el zapallo (calabaza), y en la recolección de granos, raíces y frutos silvestres. También cazaban pequeños animales y guanacos. De este último utilizaban la carne, el cuero y los huesos.
La región estuvo habitada unos 6.000 años antes de Cristo.
Los españoles fundaron en el valle de Uco, a unos 25 kilómetros de la ciudad por la carretera que lleva al dique Los Reyunos, el Fuerte de San Rafael. Desde allí se conquistó la región de tierras fértiles de Tunuyán.
Desde aquí se llega a la mina de uranio de la Comisión Nacional de Energía Atómica (la única a cielo abierto de América Latina) y al complejo hidroeléctrico Los Reyunos con un dique de hormigón de 131 metros de alto.
Poco después de salir de San Rafael, nuevamente por la ruta 40, se cruza un camino que nos permite avanzar por el valle superior del río Atuel por un paisaje espectacular, pero solitario. En el Cañón del Atuel hay formaciones rocosas multicolores, y en sus orillas hay balnearios y un hotel.

A unos 160 kilómetros de San Rafael cruza la ruta nacional 222 que se interna en la cordillera, pasando primero por el hotel Termas Lahuen-Co, luego por los baños termales de los Molles, el Pozo de las Animas para llegar a Las Leñas.
El paraje llamado Pozo de las Animas está formado por dos hondonadas en forma de embudo, de unos 80 metros de profundidad donde el viento produce aullidos semejantes a lamentos. Un lugar ideal para pasar una noche sin luna. Los geólogos nos explican que los agujeros, a los cuales llaman dolinas, se produjeron por una disolución progresiva del suelo.
Por esta ruta 222 llegamos a Las Leñas, uno de los centros de esquí más importantes de Argentina. Fue inaugurado en junio de 1983, está situado a 2.200 metros de altura y a 1.180 kilómetros de distancia de Buenos Aires.
Además del esquí se puede encontrar un mundo de actividades diferentes para olvidarse de la rutina: salas de juego, casino, cine, discotecas, circuito cerrado de televisión y sus piscinas climatizadas externa e interna.
Durante más de 5 meses al año, un espeso e imponente manto blanco cubre las pistas y las expectativas de los esquiadores.
3.300 hectáreas de nieve seca y en polvo hacen de este lugar un verdadero paraíso para los deportes de invierno.
En verano, Las Leñas se transforma. Junto a un sol y a un tiempo espectacular, aparece la posibilidad de cabalgatas a glaciares inexpugnables, cruzando ríos, descubriendo paisajes fantásticos o participando de emocionantes excursiones a las montañas.

Para los más expertos, los vertiginosos descensos por los torrentosos ríos de la zona o la práctica de otras actividades náuticas, como el windsurf, kayac o la pesca, o simplemente descansar en un clima maravilloso.
Si bien nosotros hemos llegado hasta aquí recorriendo las rutas de la provincia, para quien desea llegar a Las Leñas directamente desde Buenos Aires, se tiene acceso desde la capital por vía aérea con vuelos al aeropuerto de Malargüe, distante 70 kilómetros del centro de esquí, o con vuelos diarios a San Rafael, distante 200 kilómetros.
De regreso a la ruta 40, hay 30 kilómetros hasta Malargüe, punto de partida de numerosas excursiones por la región. Un paseo consiste en visitar El Molino, declarado monumento histórico porque se trata del primer establecimiento industrial del siglo pasado.
Otra excursión nos lleva a la Cueva de las Brujas, a 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar, nos permite ingresar en un mundo desconocido y maravilloso. Con la ayuda de un guía, se pueden recorrer sus recintos subterráneos llenos de estalactitas y estalagmitas, con unos nombres tan poéticos como “Sala de las Flores”, “Túnel del Tiempo” y “Pozo de la Duda”.
Otro de los paseos nos lleva a la laguna Llancaneló, una increíble reserva de animales de 40.000 hectáreas, y a la región llamada La Payunia.
Esta zona de 193.000 hectáreas, está cubierta por restos de lava arrojada por el volcán Payún Matrú, hace millones de años. El aspecto es semejante a la superficie lunar.
Un territorio increíble para terminar nuestro viaje por el sur de la provincia de Mendoza.




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