El cambalache de Marlen - Número 7

 

 

Ritos y creencias:

La Difunta Correa, la Telesita y la Luz Mala

 

 

Me comentaba un amigo que acaba de venir de recorrer por primera vez la Argentina, que le habían llamado la atención una especie de altares al borde del camino y explicándole los diferentes ritos y creencias populares me pareció interesante comentarlos también con vosotros.
Así que con ayuda del Diccionario de Mitos y Leyendas del Equipo NAyA, vamos a charlar hoy sobre tres de los más populares y prometo retomar el tema para ampliarlo en un próximo número.
Comenzamos con la Difunta Correa.
En el transcurso del año 1835 un criollo de apellido Bustos fue reclutado en una leva para las montoneras de Facundo Quiroga y llevado por la fuerza a La Rioja.
Su mujer, María Antonia Deolinda Correa, desesperada porque su esposo iba enfermo, tomó a su hijo y siguió las huellas de la montonera.
Luego de mucho andar -cuenta la leyenda- y cuando estaba al borde de sus fuerzas, sedienta y agotada, se dejó caer en la cima de un pequeño cerro.
Unos arrieros que pasaron luego por la zona, al ver animales de carroña que revoloteaban se acercaron al cerro y encontraron a la madre muerta y al niño aún con vida, amamantándose de sus pechos.
Recogieron al niño, y dieron sepultura a la madre en las proximidades del Cementerio Vallecito, en la cuesta de la sierra Pie de Palo.
Al conocerse la historia, comenzó la peregrinación de lugareños hasta la tumba de la "Difunta Correa".
Con el tiempo se levantó un oratorio en el que la gente acercaba ofrendas.
De los primeros milagros empieza a hablarse en 1898, cuando el baqueano Pedro Flavio Zevallos llevaba una manada de 500 animales cruzando la cordillera, cuando una noche, en plena tormenta, se produce una estampida que enloquece a los animales y los dispersa por esa accidentada región.
Al día siguiente, y después de encomendarse a la Difunta Correa, el paisano con su gente encuentra a toda la manada junta, sin que ninguno de los animales hubiera muerto despeñado, ni se hubiera perdido.
El milagro corre como reguero de pólvora y desde entonces, todo arriero o viajero que pasaba por Vallecito, en la provincia de San Juan, visitaba la cruz de la Difunta Correa. Los transportistas de ese entonces, que solían ser los arrieros llevando mercaderías en sus carretas, se transformaron con el tiempo y la era de las máquinas y el motor en los camioneros de hoy, por eso todo camionero que pasa por Vallecito, visita La Difunta Correa.
La pequeña cruz se ha convertido en un santuario, con iglesia, comercios, una gruta y hasta una escuela, y hasta él llegan las excursiones a rendirle tributo o pedirle favores a la Difunta, especialmente en el mes de marzo cuando la Confederación Gaucha Argentina realiza su Cabalgata de Fe y en noviembre, cuando los camioneros organizan su fiesta anual.

En el resto del país, al borde del camino, son numerosos los pequeños altares que se levantan para honrarla. Se caracterizan por las botellas de agua que en ellos se depositan, en recuerdo de la sed que sufrió la Difunta.
Cuenta Roque Pichetto que "La difusión de sus milagros ya tradicionales se ha extendido por todo San Juan: los poetas y cantores populares le dedican sus coplas y canciones, los hombres de campo le piden protección para sus cosechas, los arrieros, con quienes tiene una deuda, la consideran su protectora, hacen sus peligrosos viajes a través de las serranías y quebradas bajo su
amparo, las madres que por su debilidad carecen del necesario alimento para sus pequeñuelos, elevan sus oraciones fervientes a ella para que nutra sus pechos escuálidos" Alfredo Moffat afirma que este mito "constituye uno de los casos más interesantes de las creencias populares, pues constituye un mito ancestral indígena que no pudo ser reinterpretado por la Iglesia Católica debido a que no existe ningún mito equivalente en la cultura occidental cristiana para que pueda ser remodelado.
Esto es debido a que la estructura del mito es la supervivencia de un niño que mama los pechos de la muerta. Mamar de un cadáver, es decir tomar vida de la muerte, no existe como estructura en la mitología occidental cristiana".
"Por ejemplo la Pachamama, como el espíritu indio de la madre tierra -agrega Moffat-, ha sido remoldeado o reinterpretado por la Iglesia a través de la figura de la Virgen María y toma los nombres de Virgen del Carmen, del Valle, etc. según la región andina, pero en cambio la Difunta Correa sigue siendo actualmente un santuario pagano."

En cuanto a la Telesita, está presente en la poesía, en el teatro (Clementina Quenel hizo una obra con su historia) y Andrés Chazarreta y Agustín Carbajal le dedicaron una chacarera; Gabino Cora Peñaloza y Manuel Gómez Carrillo escribieron un estilo, existe un romance llamado "La Telesita" de León Benarós y hay además algunos poemas anónimos.
Pero es en la creencia popular en donde se manifiesta más comunmente.
Teresita del Barco o Telésfora Santillán vivió en la segunda mitad del siglo XIX en la provincia de Santiago del Estero.
Una de las versiones acerca de quién era y que hizo esta mujer sostiene que era hija de Don Pedro del Barco y María Rosa Gómez, tenía el cabello negro y los ojos azules y que pasó su infancia en la estancia "La Aurora", al pie de las sierras de Guasayán, criándose rodeada de belleza, sensibilidad y música.
La familia se trasladó a una casona que tenía en la ciudad de Santiago del Estero para que Teresita recibiera la educación correspondiente.
A medida que pasaba el tiempo se convertía en una hermosa mujer.
Su padre, acosado por sus adversarios políticos, decidió abandonar la ciudad y volver a la estancia.
En su pago natal, Teresita aprendió todo lo que se refiere a la vida de campo: los arrieros le enseñaron acerca de la fauna y la flora de la región y las virtudes de las plantas medicinales.
Al llegar la edad de casarse, sus padres decidieron volver a Santiago a relacionarse con la sociedad.
Viajaron ellos primero y, al llegar encontraron que el cólera estaba asolando la ciudad, debieron cumplir con la cuarentena obligatoria antes de salir de ella, pero son víctimas de la peste y mueren los dos.
El dolor y la tristeza hacen que Teresita no pueda vivir más en la estancia y se muda a un vallecito cercano a Santiago.
Allí apareció el amor en su vida, un estanciero llamado Eumelio Ahumada.
Pero llegan los carnavales y en un baile otro joven saca a bailar a Teresita.
Después del baile circularon los comentarios, y el otro joven hostigaba constantemente a Eumelio, quien para defender su amor planteó un duelo en tres instancias: duelo de payadas, duelo de malambo y duelo criollo, a cuchillo.
Pasadas las dos primeras instancias sin decidirse hacia uno u otro, en el enfrentamiento a cuchillo mueren los dos.
Al enterarse Teresita huyó, y se instaló en una choza cerca de La Banda, y comenzó a ayudar a los necesitados.
Preparaba tisanas y pociones curativas para los enfermos.
Su fama de santa y curandera se fue extendiendo.
Un día desapareció. La leyenda dice que murió quemada.
En cuanto a su culto, no hay un lugar fijo para los peregrinajes ya que, como murió quemada, no hay tumba que conserve sus restos.
El ritual que debe cumplir un promesante es el siguiente:
* se envía una invitación especial a la mayor cantidad de personas conocidas del promesante, con un ruego de asistencia para el destinatario del favor de la Santa.
* debe preparar con anticipación una masa de harina de trigo con la que debe modelar un angelote y cocinarlo en el horno de su casa hasta que se dore.
* debe colocar una mesa en el centro del patio de su casa, cubrirla con manteles blancos y depositar el muñeco que representa el espíritu de la Telesita.
* este altar debe rodearse de velas y flores.
* se invita a músicos para que toquen con guitarra, bombo y bandoneón, gatos, escondidos, malambos y especialmente chacareras.
* debe contarse con abundante bebida: tradicionalmente la aloja, y últimamente caña y aguardiente hervida con poleo.
* debe tener una auténtica devoción y honesta intención de cumplir la promesa que se concretará con música, baile y bebidas.
-Telesita hizo encontrar un caballo de mi primo. Es ese mala cara que está en el palenque-, son algunas de las conversaciones que se escucha.
-Aquel mozo de saco blanco, sanó luego de estar quince días en cama- comentan otros, mientras la algarabía hace olvidar las penosas jornadas que viven diariamente.
Estas reuniones se llaman Telesiadas y se inician bailando una chacarera. A cada vuelta el bailarín debe beber una copa.
Cuando el promesante cae rendido de baile y alcohol, se considera que el ritual está cumplido.
Se apagan las velas y una joven, elegida de antemano por el promesante, toma el angelote y lo desmigaja repartiéndolo entre los concurrentes junto con un trago de alcohol.
En otras Telesiadas, el muñeco se hace de papel o trapo y se quema al final de la fiesta para rememorar el trágico destino de Telesita.
En las zonas rurales norteñas, las Telesiadas se organizan para implorar al cielo que refresque y renueve la vida en sus campos yermos, siendo la lluvia el bien más preciado por la gente.

Si nos referimos a la Luz Mala o Ailen Mulelo, son fuegos fatuos a los que el indígena considera manifestaciones de ultratumba.
Cuando en el camino aparece uno de estos fuegos, el mismo deja de ser transitado por largo tiempo.
Los fuegos o luces son reales y obedecen a varios fenómenos naturales: pueden ser emanaciones de metano, comunes en terrenos pantanosos (por ej. en la región de la Provincia de Buenos Aires, cerca de la Bahía de Samborombon), otras veces son producidos por gases de la descomposición de sustancias orgánicas (sobre todo grasas) enterradas muy cerca de la superficie y también por la fosforescencia de las sales de calcio componentes de esqueletos de animales esparcidos en el campo (osamentas).
En los dos primeros casos la luminosidad es tenue e intermitente. En el caso de la fosforescencia de las osamentas, oscilando o trasladándose de un punto a otro, impulsadas por la más leve brisa.
Para ver este aparente movimiento, pese a estar fija la luz, concurren varios factores, como el agotamiento visual, el miedo, la falta de puntos de referencia en la oscuridad y la imaginación que hacen que el observador las vea moverse.
Esos movimientos (virtuales o reales, hacen que las Luces Malas sean referidas a "Almas en Pena", que por ese medio manifiestan su deseo de vincularse a un alma viva para que le sirva de compañía.
Estas almas andan errantes porque sus pecados no le permiten entrar al cielo, pero tampoco son tan graves como para merecer el infierno.
Según la superstición, buscan esta compañía hasta que algún familiar realice algún acto que las redima.
Ailen Mulelo significa "Brasa ardiente que anda o camina"; pues Ailliñ es brasa y Amulen es andar, deambular, caminar.
También se lo conoce con el nombre de Boy Tata.
Y para liberarse de la Luz Mala, el paisano reza y luego muerde la vaina de su cuchillo, ya que el arma blanca es la única defensa posible.

Difunta Correa, la Telesita, la Luz Mala, el Pombero, Coquena, el Gauchito Gil con sus banderas rojas y hasta el moderno culto a Rodrigo, manifestaciones todas de la fe popular y de la creencia en algo superior, que intercede para bien o para mal, en nuestras vidas.

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