El cambalache de Marlen - Número 6

 

 

Corrientes, la patria del chamamé

 

Bajando desde la provincia de Misiones, y siempre dentro de la región mesopotámica, nos adentramos en la provincia de Corrientes.
Con clima muy húmedo y cálido, el comienzo de la primavera (setiembre/octubre) es el mejor momento para visitarla.
Durante la época de la conquista, la colonización de Corrientes avanzó hacia el sur desde Paraguay, y la resistencia indígena impidió una presencia española permanente en el área hasta 1588, año de la fundación de la ciudad de Corrientes por Juan Torres de Vera y Aragón.
Asentada sobre la margen izquierda del Río Paraná, se le dio el nombre de San Juan Vera de las Siete Corrientes, porque en ese sector del río había trozos de tierra que provocaban siete corrientes de agua.
Desde el principio tuvo gran importancia estratégica, porque desde allí se seguía el movimiento de las embarcaciones que navegaban el Paraná y el Paraguay.
Situada a 850 km. de Buenos Aires, es una de las ciudades más antiguas del país, y tiene un trazado de rejilla muy regular que está centrado en la Plaza 25 de Mayo, aunque los principales edificios públicos están más dispersos que en la mayoría de las ciudades argentinas. La calle Junín, peatonal donde se concentran la mayoría de las actividades comerciales, se encuentra dentro del triángulo formado por la Avenida Costanera General San Martín, la Avenida España y la Avenida 3 de Abril, que también es la ruta 12 que lleva hacia el oeste a Resistencia, capital de la provincia de Chaco, y hacia el este a Posadas, que es la capital de Misiones.
Para recorrer la ciudad, conviene hacerlo a pie y preferiblemente por la mañana temprano, dado el calor matador de las horas del mediodía.
Un buen punto de partida es el Convento de San Francisco, una iglesia colonial hermosamente restaurada, que fue construída durante la fundación de la ciudad.
Desde allí se puede seguir hasta el Parque Mitre, donde no debemos perder de ver un gomero de un diámetro de 20 metros y raíces aéreas, para luego regresar a lo largo de la arbolada Costanera, pasando por el pequeño zoológico, donde encontramos una selección de fauna silvestre provincial.

Un poco más adelante, tenemos una bonita vista panorámica del Puente Belgrano, que cruza de Corrientes a Resistencia.
Este puente, inaugurado en 1973, es de hormigón, tiene 1.700 metros de largo y está a 35 metros de altura sobre el Paraná y es tristemente recordado porque en diciembre de 1999, la represión policial de una manifestación dejó el saldo de 2 muertos y más de 30 heridos de bala.
Tomando por Edison y Bolívar, nos detenemos en el Santuario de la Cruz del Milagro, para ver la cruz de madera del siglo XVI que, según la leyenda, desafió los esfuerzos de los indios por quemarla. Luego subimos por San Lorenzo hasta la Catedral en la Plaza Cabral, y regresamos por la peatonal Calle Junín.
Esta calle tiene muchos cafés y confiterías, desiertas a la hora del calor del mediodía, pero muy concurridas al atardecer.
En la ciudad de Corrientes se puede dormir en el Gran Hotel Turismo, rodeado de atractivos jardines en la Avenida Costanera.
Tiene piscina, un buen restaurante y bar, y un precio razonable.
En la misma categoría se puede elegir el Gran Hotel Corrientes en la Plaza Cabral, el Orly con habitaciones chiquitas pero muy agradables, el Hotel Caribe, y algunos más. En plan más caro está el Hotel Hostal de Pinar, situado en un edificio alto sobre la costanera.
Para comer bien, nos acercamos hasta el restaurante Las Espuelas, una parrilla extraordinaria con precios razonables.
De noche, disfrutaremos de las mesas del patio al aire libre.
Luego hablaremos de la pesca en la provincia, pero sería imperdonable pasar por Corrientes y no probar un surubí o cualquier otro pescado de río.
Dése el gusto en el restaurante Rancho Grande en la Avenida 3 de Abril, o en la Parrilla Los Troncos en Hipólito Yrigoyen entre Córdoba y Catamarca.
Y si quiere llevarse un recuerdo, nada mejor que comprar una artesanía en el Museo de Artesanía Folklórica que se encuentra en una casa colonial de Salta y Quintana.

Desde la ciudad de Corrientes podemos visitar hacia el sur Empedrado a 55 km., que es una antigua población situada en las imponentes barrancas del Paraná.
Desde aquí se puede tomar la ruta nacional 118 a Saladas y bordear la orilla norte de los esteros del Iberá.
Y aquí tenemos que explicar un poco lo que vamos a ver.
Se trata de un terreno anegadizo que ocupa 13.000 km. cuadrados del centro de la provincia y que se sitúa en el antiguo cauce del Paraná, antes de que el río cambiara el rumbo y se abriera paso por donde corre actualmente.
Aquí el campo es tierra que aflora del agua y los caballos son anfibios.
La visita de los esteros es una aventura que incluye tomar contacto con una extraña flora y raros animales.
Los que más llaman la atención son los monos carayá o mono aullador.
También hay yacarés (la especie americana del cocodrilo) de hasta dos metros y medio de largo, carpinchos, ñandúes, ciervos de los pantanos, las impresionantes víboras curiyú que pueden medir unos 6 metros, el aguará guazú mezcla de perro, lobo y zorro que está en vías de extinción y unas 280 especies de aves.
Estas lagunas tienen islas flotantes en algunas de las cuales llegan a crecer árboles, pero la vegetación está fundamentalmente compuesta de plantas acuáticas y pastos, raros jardines llenos de color de donde surgen patos, gallaretas, cigüeñas y colonias de garzas.

En 1983, para preservar este ambiente tan particular, se creó la Reserva Natural del Iberá.
Una posibilidad para conocer los esteros consiste en alojarse en estancias ubicadas en sus orillas.
Algunas están cerca de Saladas o de Ituzaingó. Otra posibilidad es la de acercarse a Colonia Pellegrini, al norte de la provincia, un poblado situado sobre la laguna Iberá, donde uno se puede alojar en el encantador rancho Inambu, un típico rancho correntino de paredes de barro y techo de paja, con precios muy razonables.
Desde aquí se pueden hacer excursiones en canoa por los esteros.
Y la otra posibilidad es la de dirigirse antes de partir, en Buenos Aires, a las oficinas de Turismo Operativo Misionero en la Avenida Corrientes 753, donde le organizarán una visita guiada completa a los esteros.
Nos falta terminar el recorrido del Paraná al sur de Empedrado, visitando Bella Vista con sus plantaciones de frutales; Goya segunda ciudad de la provincia y a la que siempre se asocia con el surubí del que hablaremos y con las plantaciones de tabaco; y finalmente Esquina, la localidad más sureña de la provincia sobre el Paraná.
Aquí las plantaciones de algodón y cítricos dan color al paisaje y vida propia al puerto local.

Y yendo hacia el norte de la capital correntina, siguiendo el rumbo del Paraná nos encontraremos con Paso de la Patria, tranquilo lugar de vacaciones de gran fama nacional e internacional por la pesca deportiva;
Itatí, distante unos 70 km., con una basílica de inmensa cúpula que recibe grandes peregrinaciones en julio, y el recorrido correntino por el Paraná concluye en Ituzaingó, otro importante centro de pesca deportiva.
La pesca constituye algo más que una actividad muy desarrollada en diversas zonas de la provincia.
En muchos pueblos de la costa del Paraná, los peces se han convertido en verdaderos símbolos.
Así por ejemplo Paso de la Patria es "el reino del dorado" y Goya se reconoce como "la cuna del surubí".
Aunque hay una gran variedad de especies: pacú, manguruyú, patí, salmón y corvina de río, manduví, armado, bagre, boga, etc. el dorado y el surubí son los que acaparan las preferencias de los visitantes y el orgullo de los lugareños.
El dorado es un salmonoide de un color amarillo naranja intenso, que llega a medir hasta 110 cm. con un peso que suele alcanzar los 20 kilos.
En cuanto al surubí hay dos especies: el atigrado que tiene en su cuerpo bandas transversales oscuras y que llega a pesar hasta 40 kilos, y el manchado o pintado con manchas negras redondeadas sobre el cuerpo y las aletas, que tiene un color amarillento pardusco y que llega a pesar hasta 55 kilos.
Y ya en Ituzaingó, debemos hablar algo de la represa Yacyretá-Apipé.
Este gigantesco proyecto hidroeléctrico formará un lago de 1.700 km cuadrados con las aguas del Paraná, y hablo en futuro porque aunque la obra se ha venido construyendo desde 1983, recién en julio del 2006 se ha firmado un plan para terminarla a fines del 2008.
El dique tiene una altura de 70 metros y anegó 200 km del río, lo que requirió el traslado de 40.000 personas de las zonas bajas de Posadas y Encarnación.
Sus 30 turbinas van a producir energía eléctrica para el desarrollo industrial de las provincias del norte argentino y trabajando al máximo, se supone que la represa va a aumentar la energía eléctrica de Argentina y Paraguay en un 50%, reemplazando en forma progresiva las centrales térmicas que queman derivadas de petróleo y carbón y que causan problemas ambientales de todo tipo, con altos costos de mantenimiento, mientras se agotan las reservas naturales.

Desde Ituzaingó, desde las oficinas de la Entidad Binacional Yacyretá, se pueden realizar visitas guiadas gratuitas.
La costa correntina del río Uruguay presenta múltiples atractivos para el visitante.
El circuito suele denominarse Ruta de los Jesuitas, en homenaje a las misiones instaladas a lo largo de la actual ruta nacional 14.
El primer punto es Santo Tomé, ubicada a 423 km de Corrientes, tuvo su punto de partida en una reducción fundada en 1632 y arrasada en 1817.
En su iglesia parroquial se conservan una pila bautismal y una campana que pertenecieron a la antigua misión.
Actualmente la población se dedica al cultivo del té y la yerba mate.
Siguiendo hacia el sur, en la localidad de La Cruz se conserva un reloj de sol de las misiones. Los padres jesuitas, de los cuales ya hemos hablado al visitar Misiones, fueron los colonizadores más efectivos de toda esta región, y su misión más al sur fue fundada en Yapeyú sobre el río Uruguay, que fue el pueblo natal del general José de San Martín, libertador de Argentina, Chile y Perú.
En su momento de apogeo, la reducción llegó a tener 8000 indios guaraníes, hoy cuenta con 1500 habitantes.
Allí funcionaba un astillero y una reputada escuela de música, y se criaban unas 80.000 cabezas de ganado vacuno.
Con la expulsión de la orden en 1767, los indios se dispersaron y la misión cayó en la ruina, y fue incendiada por tropas portuguesas.
En 1778 San Martín nació en una modesta casa cuyas ruinas aún existen, protegidas dentro de un templete.
Al lado de la casa natal, en una casa construída por los jesuitas, está instalado el Museo Sanmartiniano con objetos y documentos del prócer y su familia.
Continuando por la ruta 14 llegamos a Paso de los Libres, una ciudad de moderna arquitectura en cuyo cementerio descansan los restos del Dr. Amado Bonpland, el famoso naturalista y acompañante de viajes de Alexander von Humbold.
Bonpland se radicó aquí y fundó el primer museo de ciencias naturales de la provincia.
Paso de los Libres hace frontera con Uruguaiana en Brasil, y tiene fama por sus balnearios a orillas del Uruguay y por su carnaval, que ha contagiado a la capital de la provincia.
Comparsas, carrozas, costosos y coloridos trajes, si anda cerca por esas fechas, no se lo pierda.
La localidad más sureña es Monte Caseros, cuyo casco urbano se halla sobre la orilla del lago Salto Grande, frente a la población uruguaya de Bella Unión.
Fue durante muchos años terminal de trenes, debido a su estratégica ubicación fronteriza con Uruguay y Brasil.
El campo del sudeste de la provincia se parece bastante al de Buenos Aires: perdices, liebres, mulitas, zorrinos, ovejas y corderos, tropas de caballos y ñandúes.

Pero hay sutiles diferencias: el campo es muy luminoso, en el rancho hay una palmera en vez de un sauce, el clima es tropical y los ruidos de la tarde vienen de la laguna donde los carpinchos han salido del agua y buscan su comida.
En este país del agua, para conocer a su gente hay que escuchar chamamé, un baile típico del litoral que se baila en pareja con acompañamiento de guitarras y bandoneones.
Las letras de los chamamés, plenas de humor criollo, hablan de los temas actuales del pueblo litoraleño.
Según los investigadores, los indios de las reducciones ya tocaban una música parecida al chamamé mucho antes de la llegada del acordeón y de conjuntos centroeuropeos al litoral, por lo tanto esta música no tendría nada que ver con la polca.
En Chaco, Formosa, Misiones, Santa Fé, Entre Ríos y sobre todo en Corrientes, se trata de una expresión cotidiana. Los festivales más importantes son los de la capital de la provincia y los de Santo Tomé, pero en cualquier lugar de Corrientes, y con cualquier excusa, siempre hay tiempo para una chamameseada y un sentido grito sapucay.
Por la noche cantan las cigarrasy peones de rostro cobrizo, de ojos rasgados y cabello espeso y negro se pasan el mate mientras hablan de historias antiguas, misterios de las selvas donde surge Añá, el señor de las oscuridades, Taguareté-Abá el hombre tigre y Mboi-yaguá la serpiente con cabeza de perro, mezcladas con las anécdotas del río.
Poco a poco abandonan la rueda camino del catre y en el campo de una palidez azulada, se oyen mugidos que el viento trae sin fuerzas.
Acaba el día en Corrientes.

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