El cambalache de Marlen - Número 5

 

 

Misiones, donde el Agua Grande se encabrita

En el número anterior comenzamos a recorrer una de las provincias de la Mesopotamia argentina: Misiones, y en nuestro paseo nos asomamos a la magnificencia del Parque Nacional Iguazú que hoy admiraremos, un parque de 55.000 hectáreas de las cuales 6.000 constituyen una Reserva Nacional.
Puerto Iguazú está a 63 km. de Wanda, adonde habíamos llegado, pero a sólo 45 km. ya comienza el espectáculo del Iguazú, "agua grande" en guaraní (I=agua, Guazu=grande).
A pesar de las presiones para desarrollar y deforestar la zona, el Parque Nacional Iguazú presenta un área de bosque lluvioso subtropical, con más de 2.000 especies de plantas identificadas, 400 especies de aves, mamíferos, reptiles y numerosos insectos.
Las altas temperaturas (recuerden llevar ropa liviana y calzado cómodo), las lluvias y la humedad crean un hábitat muy especial.
Al igual que la selva amazónica del Brasil, la selva misionera cuenta con múltiples niveles: el más alto es una cúpula cerrada de árboles de más de 30 metros de altura, y descendiendo los otros niveles encontramos árboles y arbustos unidos por lianas.
La liana es una planta que usa un árbol grande como apoyo, hasta que termina asfixiándolo. Otras plantas parásito usan a su anfitrión sin hacerle daño.
Las orquídeas, por ejemplo, usan las ramas de árboles grandes como el lapacho o el palo rosa, sólo para apoyo ya que absorben los nutrientes de la lluvia y de la atmósfera.
Los mamíferos y en general la fauna silvestre no se ven fácilmente en el parque, ya que evitan el contacto con humanos, lo cual no es difícil en el denso manto vegetal que cubre el suelo.
Es el caso del puma,
el jaguar, el carpincho, la corzuela, el gato onza y el tapir.
Lo que si podemos ver son coatís, iguanas y gran cantidad de aves como tucanes, loros, cotorras y otras especies coloridas.
La mejor hora para verlos es temprano a la mañana, junto a los lechos de agua o en el bosque.
Como la selva es tan densa, el parque tiene pocos senderos, pero la caminata o el ciclismo por ellos nos puede deparar muy agradables vistas. Si no queremos alejarnos mucho, los árboles cercanos al Centro de visitantes son el refugio de muchas bandadas de aves.
En el mismo centro hay viajes organizados en vehículos todo-terreno por el sendero boscoso de Yacaratia, así como excursiones por río, y también pueden alquilarse bicicletas.
Y estando en el Centro de visitantes, hemos llegado al pie mismo de las impresionantes Cataratas del Iguazú.
Hay una placa cerca del Centro, que acredita el descubrimiento de los saltos a Alvar Núñez Cabeza de Vaca en 1541.
Pero si bien él fue el primer europeo en verlas, para los indios guaraníes de la región y para sus antepasados, estas imponentes cataratas habían sido fuente de leyendas durante milenios.
Según una leyenda guaraní, las cataratas se originaron cuando un guerrero indio llamado Caroba despertó la furia del dios de la selva al escaparse por el río, en una canoa, con una joven de nombre Naipur, de quien el dios estaba enamorado.
Enfurecido, el dios hizo derrumbar el lecho del río frente a los amantes, produciendo unas caídas del agua por las que se precipitó Naipur, convirtiéndose en una roca al pie de los saltos. Caroba, que sobrevivió, fue convertido para su castigo en un árbol que mira desde arriba a su amante caída.
El origen geológico de las cataratas es más prosaico. En el sur de Brasil, el río Iguazú pasa por una meseta de basalto que termina abruptamente justo al este de la confluencia con el río Paraná. Donde el río de lava de la erupción volcánica se detuvo, se formaron estos saltos por los que descienden unos 5.000 metros cúbicos de agua por segundo, en caídas de 50 a 80 metros de altura.
Antes de llegar a los saltos, el río se divide en canales con rocas y pequeñas islas que separan la corriente de agua en cascadas, las que en su conjunto forman las famosas cataratas.
En total 275 saltos (algunos imponentes como el Bossetti y otros escondidos como el Alvar Núñez Cabeza de Vaca) que se extienden en una media luna de 2.700 metros (4 veces la anchura de las cataratas del Niágara).
Describir las cataratas es algo bastante difícil.
La sensación que tuve, la primera vez que las vi, fue la de un espectáculo sublime, las palabras faltan o mejor dicho sobran en ese momento. Tal es la alegría y la admiración que produce semejante maravilla de la naturaleza.
Mi consejo es que, haciendo un pequeño esfuerzo económico, pase una o dos noches en el hotel Sheraton Internacional Iguazú que se encuentra dentro del parque, a pocos metros del Centro de visitantes, y por lo tanto de las cataratas.
Eso le permitirá recorrer tranquilamente las pasarelas que llegan hasta la base misma de las moles de agua y deleitarse viendo los bencejos (una especie de golondrinas) metiéndose detrás de los saltos, antes de que las avalanchas de turistas que llegan a media mañana nos estropeen los ruidos del agua y la selva.
Es digno de verse los dos recorridos: el circuito superior y el inferior, cada uno tiene su encanto.
También se pueden realizar recorridos en 4x4 o en camión por la selva, safaris fotográficos, navegación de los rápidos en gomón (imperdible), pasearse en bote por el borde mismo de las cataratas acercándose al abismo, navegación en bote por la base de los saltos, acercándose hasta terminar totalmente empapados, pero felices (les aconsejo un impermeable), o en una noche de luna llena, contemplar un espectáculo mágico. Cuando la luna es muy luminosa, frente a los ojos aparece un increíble arco iris nocturno. En esos instantes, el resto del mundo desaparece.
En 1983 las inundaciones destruyeron una parte de las pasarelas interconectadas que llevan a todos los saltos desde el Centro de visitantes y aislaron las que van a la Garganta del Diablo, la cascada más impresionante del conjunto. Pero posteriormente se han reconstruido, y este es un recorrido que no hay que dejar de hacer.
De todas las vistas del planeta, la Garganta del Diablo es lo que más se parece a la idea que tenían los antiguos navegantes europeos del mundo que se acaba en un infernal abismo sin fondo.
Por tres lados, la ensordecedora cascada se lanza impetuosa a un destino sombrío, el vapor que empapa al admirado visitante, impide la visión de la base de los saltos. Se hace difícil abandonar un lugar de semejante atracción amenazadora, donde uno se puede imaginar el terror que los pueblos primitivos sentirían frente a este espectáculo. Si en alguna agencia de viajes tratan de llevarlo a ver las cataratas sólo desde el lado brasileño, no se deje aconsejar.
Es algo así como ver un espectáculo de fuegos artificiales por televisión, o sentarse en la playa de San Sebastián a disfrutar de ellos explotando sobre la cabeza.
Una cosa es una mera información, y la otra es el vivir una experiencia imborrable por el resto de sus días.
Las cataratas están a 20 km. de Puerto Iguazú, un importante centro comercial con buenos hoteles y campings, y un plano urbano bastante intrincado.
La calle principal es la diagonal Victoria Aguirre, en el número 396 de la misma se halla la Oficina de Turismo donde le pueden aconsejar, y hasta le pueden conseguir alojamiento en casas de familia, si lo que quiere es dormir barato.

De lo contrario, los precios van desde 30/40 U$S en hosterías o residenciales, hasta 120 U$S en el hotel Cataratas.
Uno de los lugares para visitar es el Hito Argentino, desde donde se puede ver la desembocadura del río Iguazú en el Paraná y los territorios de Paraguay y Brasil.
El ferry que hasta hace unos años cruzaba el Iguazú hasta Foz do Iguaçu en Brasil, ha sido reemplazado por el puente Tancredo Neves de 480 metros de largo, nombre que recuerda al presidente brasileño que murió antes de asumir el mandato en 1985.
Una opción es ir a pasar el día en el lado brasileño, para lo cual se puede tomar una excursión o el autobús que sale de Puerto Iguazú y lo deja en la terminal de ómnibus de Foz (recuerde llevar el pasaporte), desde donde otro autobús lo transporta a la vista de los saltos.
La vista de las cascadas es excelente aunque lejana, y desde luego, el lado brasileño es más comercial que el argentino.
Usted puede, por ejemplo, tomar un vuelo en helicóptero sobre las cataratas, opción no válida para ecologistas, ya que el ruido de los motores en vuelos rasantes asusta a la fauna silvestre y ahuyenta a las aves que allí anidan.
Otra opción es la de pasar alguna noche en alguno de los numerosos hoteles del complejo hotelero brasileño y aprovechar para disfrutar de un espectáculo nocturno con los bailes de las famosas garotas brasileñas.
Otra de las posibilidades es la de hacer una visita a Puerto Stroessner, en la vecina Paraguay, y a su mercado artesanal, donde podrá comprar algún bolso o cartera de cuero rústico, y los famosos trabajos en ñandutí
, que es un tejido realizado por las mujeres paraguayas en forma de encaje, imitando las telas de araña.
Aunque aquí no le aconsejamos que se quede a pernoctar, ya que los hoteles no son tan buenos.
La vuelta desde este maravilloso lugar puede realizarse en avión, desde el aeropuerto internacional de Iguazú, o siguiendo nuestra costumbre de descubridores de paisajes por la ruta 20 hacia el sur, recorriendo bosques de araucarias y helechos hasta San Pedro, donde se une con la ruta 14. Subiendo y bajando por las hondonadas de la Sierra de Misiones se llega a San Vicente, desde donde parte, hacia el sudeste, la ruta provincial 212 camino a El Soberbio.
Desde esta pequeña ciudad sale el camino que lleva hasta los saltos del Moconá, sitio ideal para el turismo de aventura.
Aunque ya no hace falta abrirse paso a machete ni remontar el río Uruguay en bote, todavía esta travesía tiene mucho de aventura.
Estas cascadas tienen 3 km. de largo y están en medio de la selva, y tienen algo muy curioso que llama la atención: el río da una vuelta de tal forma que vuelca sus aguas sobre si mismo, desde 10 metros de alto.
Volviendo a la ruta 14, entre Dos de Mayo y Aristóbulo del Valle se extiende la región de los saltos, algunos de los cuales, como el salto Encantado de 58 metros de altura, son realmente espectaculares.
El tramo siguiente permite recorrer una de las regiones más importantes para la economía misionera, con diversos cultivos e industrias ubicados cerca de ruinas de reducciones jesuíticas.
La provincia de Misiones es la mayor productora del país de yerba mate, la bebida típica de los argentinos, y de muchos uruguayos, paraguayos y brasileños.
Mucho antes de la llegada de los conquistadores, los guaraníes conocían la kaá-guazú (hierba espléndida).
Los jesuitas, buenos observadores y respetuosos de las costumbres indígenas, comenzaron a cultivarla a principios del XVII.
Hubo polémica en la colonia, los detractores del "vicio del mate" aseguraban que causaba daños en los cuerpos y en las almas, los defensores aseguraban que con esa costumbre se alejaba a los indios de la caña y la ginebra. Con el paso del tiempo se impuso el efecto digestivo y tónico de la infusión y los jesuitas pagaron con su producción gran parte de los impuestos de la corona.
Un cultivo curioso de la zona es el de flores que se destinan a la extracción de esencias que son exportadas y se transforman en las más renombradas fragancias del mundo.
Las tierras altas del centro de la provincia también tienen grandes plantaciones de té. Las principales localidades de este camino que bordea la Sierra del Imán y que lleva a la provincia de Corrientes son Campo Grande, Campo Viejo, Oberá, Leandro N.Alem y Apóstoles.
Oberá es la segunda ciudad de la provincia, y la capital de los inmigrantes.
En 1913, los primeros suecos, alemanes, españoles, franceses y portugueses llegaron a Bompland, cerca de la actual Oberá.
Muchos se quedaron allí y fundaron Yerbal Viejo, el antiguo nombre de la ciudad. Actualmente hay representantes de más de 20 nacionalidades. En 1984 se creó el Parque de las Naciones.
Sobre un predio de 10 hectáreas, cada colectividad ha construido casitas típicas y restaurantes donde ofrecen sus artículos regionales.
Recorrer todas estas bellezas misioneras lleva tiempo, pero los lugareños tienen un dicho: "El que pisa tierra colorada, vuelve".
Ya sabéis, siempre se puede hacer más de un viaje.

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