El cambalache de Marlen - Número 4

 

 

Pateando baldosas: El Viejo Almacén

 

En realidad la palabra “almacén”, como tantas del castellano, proviene del árabe “majzan” que significa “depósito”, precedido por el artículo “al”. En inglés formó la palabra “magazine” que significa “revista”, pero en principio designaba las listas del contenido de los almacenes militares. En italiano “magazzino” significa también depósito. En España pasó a designar las tiendas al por mayor y fue en América donde se transformó.
Si le preguntaran a un porteño de hoy en día qué es un almacén, diría que “un negocio donde puede comprarse yerba mate, un poco de fiambre, mayonesa, pan, una botella de vino, pilas, galletitas, papel higiénico, jabón, enfin, un pequeño supermercado de barrio, donde aún hoy (y siempre y cuando el almacenero le tenga confianza) se puede anotar el gasto en una libretita y pagar a fin de mes.”
Si la pregunta estuviera dirigida a un habitante de uno de los pequeños pueblos del campo argentino, seguramente agregaría a la enumeración de cosas que se pueden comprar: telas, alimento para las gallinas, semillas para la quinta, una estufa de querosén, y el querosén también y un sinfín de cosas más de uso cotidiano.
Un habitante de Buenos Aires de hace un siglo hubiera dado otra respuesta. Hubiera agregado a lo anterior que era un despacho de bebidas donde los parroquianos podían jugar una partida de truco mientras charlaban y tomaban un vaso de vino o una grapa, o sea algo parecido a una de las tantas pulperías que poblaban las pampas argentinas y de las que aún se conserva alguna como la famosa “Blanqueada” de San Antonio de Areco, inmortalizada por Ricardo Güiraldes en “Don Segundo Sombra”.
Pero desde luego “El Viejo Almacén” no siempre fue almacén. Recordemos un poco la historia de esta esquina sin ochava.
En febrero de 1536 Don Pedro de Mendoza funda la población de Nuestra Señora del Buen Ayre en la zona del actual Parque Lezama, en el barrio de San Telmo.
En 1541, sólo 5 años después y a raíz de un incendio, el caserío fundado por Mendoza se destruye por completo.
En junio de 1580 Juan de Garay funda por segunda vez la ciudad con el nombre de Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, a metros de la actual Plaza de Mayo.
Y en 1798, a mitad de camino entre los sitios de las dos fundaciones, en el vértice sureste de la fundación de Garay, se levanta la primera construcción de la que se tiene noticia: un almacén de campaña donde los parroquianos se reúnen a tomar vino, fumar cigarros y charlar, sobre todo de la no conveniencia de la continuidad del dominio español.
En el año 1844 en la esquina de Arce (actual Independencia) y Concepción (actual Balcarce) se realizan trabajos de ampliación del antiguo almacén para transformarlo en el Hospital Inglés. Es el primer hospital perteneciente a una colectividad extranjera en Buenos Aires, lo dirige el Rdo. Barton Lodge y funciona en el local por espacio de tres años, mudándose luego a la quinta de Wilde, que estaba cerca de la actual Plaza Lavalle.
Cuando el Hospital Inglés se traslada, el local es utilizado como almacén de ultramarinos, con el nombre “Orillas del Plata”, luego como vinería al por mayor y desde el año 1865 al 1868, cuando se produce la Guerra con el Paraguay, es utilizado para refugiar a combatientes heridos.
En 1871 se desata una epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires.
La aristocracia porteña abandona el barrio de San Telmo en busca de mejores condiciones de vida y el almacén se utiliza como asilo para enfermos.
La ciudad sufre una importante transformación. En las viejas casonas patricias se amontonan las familias de inmigrantes.
En el año 1900 Paula Kravnik, una inmigrante rusa, transforma el antiguo asilo de enfermos en el restaurante “Volga”.
Músicos, cantores y poetas se reúnen allí para disfrutar del vino, y para compartir los primeros acordes de una música popular que haría historia: el tango.
Un tango cuyas letras hacen mención a los almacenes de la ciudad, como en “Sur” de Homero Manzi y Anibal Troilo: “San Juan y Boedo antiguo... Sur, paredón y después. Sur, una luz de almacén...” o en “Sentimiento gaucho” de Caruso y Canaro: “En un viejo almacén del Paseo Colón donde van los que tienen perdida la fe...” o en “El último organito” de Homero Manzi: “Con pasos apagados elegirá la esquina donde se mezclan luces de luna y almacén...” o en tantos otros.
En 1969 Edmundo Rivero, un cantor de voz grave a quien apodaban “el zorzal jetón”, por su cara tan particular, convierte el antiguo almacén de la Avenida Independencia y Balcarce en un templo del tango.
Nace El Viejo Almacén.
En el marco de la antigua casona de estilo colonial se presentan las mejores expresiones del tango. El fuelle de Anibal Troilo, la mítica orquesta de Osvaldo Pugliese, el timbre opaco y desgarrado del polaco Goyeneche, las teclas ágiles de Horacio Salgán, Leopoldo Federico, Armando Pontier, El Sexteto Mayor, Alfredo de Ángelis, entre otros, pasan por el escenario del Viejo Almacén.
En 1977 el intendente Cacciatore decide la construcción de una serie de autopistas y con ese fin se expropian y derriban cientos de casas. El Viejo Almacén pierde una parte de su frente con la ampliación de la avenida Independencia y corre peligro de desaparecer.
Una de las figuras públicas que se opone públicamente a su demolición es el escritor Ernesto Sábato, en la penumbra del almacén el escritor compuso varias páginas de su novela “Sobre Héroes y tumbas”.
En 1986 muere Edmundo Rivero y la familia se hace cargo del local.
Pero en 1993 deben cerrarlo por problemas económicos.
En 1996 el farol de El Viejo Almacén vuelve a alumbrar la noche porteña. Las puertas se abren nuevamente para que músicos, cantores y bailarines deleiten a porteños y turistas, en los misterios del 2x4.
Allí se escucha el tango que, como San Telmo, tiene pasado arrabalero, pero un tango que luego adquirió manifestación poética con Homero Manzi, virtuosismo musical con Julio de Caro y temática social con el inefable Discépolo, un tango que sobrevuela nuestra web, para aparecer en artículos y letras de canciones, un tango que hoy en día es conocido en todos los idiomas, un tango que esconde el alma de la misteriosa Buenos Aires.

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