El cambalache de Marlen - Número 3

 

 

Ángeles de Buenos Aires

 

En un viaje a Buenos Aires, una amiga muy querida, María Cecilia, me regaló el libro "Ángeles de Buenos Aires" con prólogo de Jorge Monteleone y fotografías de Marcelo Crotti( algunas de las cuales ilustran esta nota).
Me quedé convencida de una nueva coincidencia de gustos, ya que nos ha pasado más de una vez de encontrarnos fascinadas ante las mismas cosas.
Pero al poco tiempo, me enteré que nuestra afición por los ángeles es compartida por mucha gente, y que hay toda una moda de libros y objetos referidos a ellos, ¿o tendría que decir ellas?
Desde tiempos inmemoriales, el sexo de los ángeles ha sido uno de los misterios del hombre. Aunque según el Zohar, el libro de la mística judía, los ángeles toman diferentes formas, algunas veces femenina y otras masculina, las religiones monoteístas han privado habitualmente de sexualidad a estos seres.

Por el contrario, son pocos los que han puesto en duda que los ángeles tengan alas. Esta es la imagen que ha prevalecido en el arte y la literatura occidentales, desde que el segundo Concilio de Nicea, en el año 787, autorizó su representación artística.
Etimológicamente, el vocablo "ángel" proviene del griego "angelos" y significa "mensajero", o sea que en principio un ángel es un espíritu enviado como mensajero por Dios a los hombres. Y además de mensajeros, tendrían la función de ser guardianes del orden universal, de alabar la gloria del Señor y de proteger a los elegidos.
Debemos al Papa Gregorio I la división del orden angélico en nueve coros separados en jerarquías: allí se hallan los Serafines, los Querubines, las Virtudes, los Arcángeles y los Ángeles.
Dante, al contemplarlos comparó su resplandor con el hierro candente, donde el incendio continúa en cada centella.
Hoy en día los seres de luz están de moda, una moda que en Europa se manifiesta en la edición de libros y colecciones dedicados a la angelología, en cursos que se dictan para enseñar a invocarlos y hasta en fiestas angélicas, organizadas en alguna discoteca madrileña, en las que se mezcla la música "house trance" con buena dosis de drogas para, según explican, llevar a los bailarines a estados más receptivos para captar a los buenos espíritus. ¡Qué lejos están estos ritos, que mucho tienen que ver con la franca explotación comercial, de nuestra tierna plegaria infantil: "Angel de la guarda/ dulce compañía/ no me desampares/ ni de noche ni de día."
Y es que son los niños quienes más cerca sienten a los ángeles. Los niños y todos aquellos que de niños han conservado la mirada fresca e inocente. Para muchos adultos, estos recuerdos de la niñez permanecen en la memoria y sólo cobran sentido cuando pasan los años y afloran para ser contados en épocas como la que estamos viviendo, que se dan cíclicamente en el tiempo, y en las que la pasión por los seres alados alcanza cotas de inusitada popularidad.
Hace unos años, la prestigiosa revista Time dedicaba su portada al 70% de los norteamericanos que cree en los ángeles. En Estados Unidos de Norteamérica, es imposible salir a ver escaparates sin encontrarse con sus aladas figuras.
Una nueva serie de televisión "Heaven help us" (El cielo nos ayuda), recupera la idea llevada a la pantalla por el inmortal Michael London en "Autopista hacia el cielo". "El libro de los Ángeles", "Descubre a tus Ángeles", "Ángeles, una especie en peligro de extinción", "La magia de los Ángeles", "Cómo invocar tu ángel celestial", "Por donde los ángeles caminan" son algunos de los libros que invaden las librerías.
Para regalarse los oídos en plan angélico nada como "In search of angels".
Y en San Sebastián se ha proyectado hace algunos días la película "Cielo sobre Berlín" del director alemán Wim Wenders. "Es maravilloso vivir sólo en espíritu, y día a día para la eternidad, atestiguar sólo lo espiritual de la gente. Pero a veces me hastía esta existencia de espíritu -se queja uno de los dos ángeles protagonistas- Ya no quisiera este flotar eterno, quisiera sentir un peso que anulara en mí lo ilimitado y me atara a la tierra". El ángel, agobiado por el tiempo sin límite y por la monotonía, desea alcanzar las sensaciones de nuestra vida, y sentir las alegrías pero también los dolores. No puedo dejar de recordar a este ángel, que sólo podía ver la vida en blanco y negro, cuando admiro alguna figura hierática, inmóvil en el frío mármol de una columna o una fachada.
En la ciudad aparecen de pronto, en un rapto de luz o en la demorada sombra, nos acechan silenciosos y sólo son descubiertos por la mirada atenta acostumbrada a elevar el campo visual y a captarlos en su inmovilidad. Sosteniendo una trompeta celestial, apenas inclinados en suave equilibrio, sonrientes o soñadores, ángeles niños que prolongan su infancia infinita, ángeles músicos a quienes nadie escucha, ángeles maternales o piadosos en muda oración, angelotes voluptuosos o desnudos y solos, olvidados de los hombres, ángeles que con sus manos sostienen por centurias las cúpulas de los grandes edificios, son los ángeles de mi Buenos Aires.
Estoy convencida que Buenos Aires es una ciudad propicia a los ángeles, no nos son ajenos, y hablamos sobre ellos en las tertulias nocturnas de bares y cafés, con la certeza que da el recordar un sueño o una experiencia medio borrosa del pasado.
Buenos Aires es la ciudad de los ángeles de Piazzola y del gran Soldi; la de "La Casa del Ángel"; la de Abbadón, el Ángel de las Tinieblas soñado por Sábato; la ciudad donde Marechal espió al ángel Cantabelli disputando el alma de José Luna al demonio Nebiros en un conventillo de Villa Crespo; la de Oliverio Girondo que vio en ella la lumbre del "arcángel relámpago"; la ciudad en la que Gardel, Troilo, Manzi y Discépolo lucen alas en la pluma de Sábat; la ciudad en la que según cuenta Dolina, el Ángel Gris reparte sueños a los habitantes de Flores; en la que los seres resplandecientes cuidan el devenir de la vida de los simples mortales que tienen el raro privilegio de habitar una casa con ángel.
Ciudad de pasadizos y de túneles, de metamorfosis y de cielos límpidos, ciudad donde lo secreto y lo oculto se muestra en la noche, ciudad donde los ángeles se dan cita, Buenos Aires, saludo a tus ángeles protectores.

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