El cambalache de Marlen - Número 3

 

 

Un cuento en la Web:

"El hacedor de estrellas"

 

A Silvio Suasnabar y Carlos Copetti

Cuando era pibe y remoloneando me levantaba para hacerle los mandados a mi vieja, solía, al terminar mi desayuno, escuchar un sonido muy particular que parecía el de una chicharra, dividido en tonos, resabio de la noche resucitado en la mañana. Me apuraba y salía a la calle para verlo aparecer por la esquina con su bicicleta extraña de ruedas desparejas y su aparatito agujereado modulando la escala de una convocatoria vecinal a su paso.

El sonido de su pito era como el de un pájaro escondido que va dejando saludos en el pentagrama gris de la calle. Ululaba alternadamente, hasta que la bicicleta se detenía en una casa desde la que alguien llamaba al afilador.

Entonces comenzaba el girar de las poleas y las piedras de distinto calibre a enviar estrellitas que se esfumaban rumbo al cielo. Yo me quedaba absorto viendo a ese hombre enjuto, ensobrado en un traje gastado, que gestaba el milagro de luciérnagas diurnas revoloteando alrededor de sus manos. Primero domando el filo, para después asentar su agresividad dormida.

Por sus dedos desfilaban cuchillos y tijeras en un concierto de sonidos y luces que le creaban una aureola de hondo magnetismo. El desconocía esa secreta admiración que despertaba en los pibes del barrio. Silbando un tango seguía moviendo los pedales de la vieja bicicleta para que las chispas llenaran de fulgores la mañana. Por último, la utilidad perdida renaciendo en el brillo surgente.

Después el pregón original de ese changarín quijotesco seguía alterando la calma del barrio con su lenguaje de extrañas consonancias. Las calles lo veían pasar como un jinete atemporal y estrafalario, que detenía cada tanto la carreta para desatar su repertorio de chirridos.

Yo siempre quedé magnetizado por su presencia y esperaba el llamado de su instrumento para correr a buscarlo. El nunca me dijo nada; trabajaba en lo suyo como si lo suyo fuera un rito de dagas y pendencia. Como si el material que manejaba lo convocara desde un pasado de duelos y muertes.

Hoy no se lo vé más llegar desde algún lugar ignoto en su corcel de cadenas y tachitos, con ese silbato de vibrato corto y acompasado. Tal vez enfiló hacia alguna nube a descubrir el misterio de su pasado. A buscar en los arrabales perdidos la primera daga que acariciaron sus manos de orfebre, como un réquiem de sangre y coraje de un Buenos Aires sepultado para siempre.

"El hacedor de estrellas"

Cuento de Jorge Felipe García, perteneciente al libro

"Bajo el mismo cielo" (Estampas ciudadanas)

 

Jorge nació en el barrio de San Cristóbal y, como porteño recalcitrante, camina sus calles en la búsqueda permanente de las vivencias cotidianas de la gran ciudad, que se vuelve pequeña cuando ajustamos la óptica al nivel de los seres humanos.

Colaboró en el libro "Treinta cuentos breves argentinos" editado por Librería Latina en 1965 y se incluyeron sus poemas y ensayos en las revistas "Ensayo cultural", "Runa" y "Buenos Aires Tango".

La Fundación "Gente de Tango" edita su primer libro de poemas "Tango y asfalto" que fue presentado en "El Viejo Almacén" y al que tuve el placer de asistir entre actores, músicos y amigos varios.

El libro al que pertenece este precioso cuento "Bajo el mismo cielo", surgió de la colaboración en la investigación y recopilación de material para el libro "Las letras del tango" de Eduardo Romano.

Los temas que inspiraron al poeta fueron tomando forma en líneas de una ternura evocativa, que nos impulsan a leer y releer, transportándonos a un mundo vivido, sufrido y disfrutado

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