El cambalache de Marlen - Número 3

 

San Salvador de Jujuy

 


En nuestro viaje por el noroeste, llegamos a San Salvador de Jujuy, capital de la provincia de Jujuy.
Fundada en 1593, esta ciudad que está situada entre los ríos Grande y Xibi Xibi (ríos torrentosos y peligrosos, con historias de furias y de piedras arrastradas por las aguas), tiene un centro de unas 12 cuadras (manzanas) de largo por 4 de ancho, y los barrios más modernos están situados del otro lado de los ríos.
El centro de la vieja Jujuy era la Plaza Mayor, que desde 1910 se llama Plaza Belgrano. Frente a esa plaza se encuentra la Catedral construida entre 1761 y 1765, que sufrió a fines del siglo XIX una modificación de las torres y del frente de estilo neoclásico.
Bastante más interesante que el austero exterior de la Catedral, resulta contemplar el magnífico púlpito tallado en maderas duras y profusamente recubierto por láminas de oro, que fue realizado por el jesuita bávaro Josef Schmidt con la ayuda de artesanos indígenas.

También en la plaza se halla la Casa de Gobierno, edificio cuyo estilo hace recordar los castillos franceses del siglo XVII, y en cuyo primer piso se encuentra el Salón de la Bandera, un recinto destinado a conservar y exhibir la bandera donada por el general Manuel Belgrano al pueblo de Jujuy para reconocer los sacrificios de los jujeños durante el Éxodo de 1812, cuando abandonaron la ciudad y todos sus bienes dejando sólo tierra arrasada en poder de las fuerzas realistas.
Aunque Jujuy también es una fundación hispánica muy antigua, su arquitectura no es tan colonial como la de Salta.
El edificio con más sabor colonial es el Cabildo, a pesar de que la obra original se derrumbó durante el terremoto que afectó la ciudad en enero de 1863.
La construcción actual fue realizada entre 1864 y 1867 cuando el Cabildo fue ampliado con una recova de 19 arcos y una torre.
Los paseos por la ciudad pueden completarse con una visita al mercado artesanal, en la avenida 19 de abril entre Necochea y Balcarce.
Hacia el sureste de San Salvador de Jujuy se halla la población de Zapla. Altos Hornos Zapla es el complejo siderúrgico más importante de la región del noroeste argentino y el segundo en importancia del país.
Su origen se remonta al año 1939, cuando fue encontrado el primer yacimiento de mineral de hierro. Allí se cumple el proceso integral, desde la extracción del mineral a más de 400 metros de profundidad, su transporte, enriquecimiento, fundición y maquinado en las diferentes etapas de producción.
Jujuy se encuentra en una amplia hoya que suele ser invadida por nubarrones procedentes de las llanuras chaco-santiagueñas. Pero a pocos kilómetros de la ciudad, viajando hacia el norte, el camino empieza a subir y subir, y después de un trayecto corto se perfora la capa de nubes y aparece a pleno, ese sol radiante que sólo el noroeste sabe brindar con tanta generosidad.

A la altura del mojón 1596 de la ruta 9, un cartel señala el acceso a Termas de Reyes, a las que se llega por un buen camino de 22 Km. Las aguas afloran a 1800 metros sobre el nivel del mar, con una temperatura que oscila entre 50º y 60º. Están indicadas para tratamientos de reumatismo, artritis, gota, neuritis, lumbago y algunas afecciones cutáneas.
El establecimiento termal invita a descansar, pero no menos tentador es continuar por un camino de cornisa que lleva a las pintorescas lagunas de Yala, 8 espejos de agua de singular belleza, a 2100 metros de altura.
Es una hermosa región de bosques de aliso en las estribaciones orientales del Chañi, región para acampar, y realizar largas caminatas. Todo es silencio y formas y colores duplicados simétricamente.
Según se gana altura el paisaje cambia, del verde aterciopelado de formas cubiertas de bosques y prados cercana a San Salvador, se pasa al pardo áspero de zonas pobladas de cardones donde la tierra se presenta descarnada en su intento de mostrarse en todo su esplendoroso colorido. Estamos en la Quebrada de Humahuaca, una larga cinta de 140 Km. de longitud y alturas que superan los 3.000 metros.
A la altura del mojón 1647, y a 2192 m de altitud, se encuentra Purmamarca, en una de las numerosas quebradas laterales que desembocan en la de Humahuaca.
Los arco-iris de sedimentos mezozoicos plegados y erosionados caprichosamente en el Cerro de los Siete Colores que domina el lugar y la rusticidad del adobe configuran en Purmamarca uno de los paisajes más bellos del noroeste argentino.
Su iglesia, donde se venera a Santa Rosa de Lima, es de muros de adobe con techos de cardón y tiene una torre campanario de planta cuadrada en uno de sus costados, justo al lado de un viejo algarrobo.
En este pueblo se pueden adquirir las más típicas y variadas artesanías, y los frasquitos donde los lugareños: viejos y mujeres con poncho y changuitos, acomodan capas de tierra alternando los vivos colores. Para apreciar este paisaje lleno de colorido en todo su esplendor, conviene esperar hasta la tarde.
La importancia histórica de Purmamarca está relacionada con su ubicación, junto a un camino que lleva directo a la Puna. Este camino aún hoy en día se sigue usando, y pueden verse caravanas de burros que bajan panes de sal para su venta o canje en las ferias y comercios quebradeños.
Resulta también interesante seguir por la ruta 52, camino de cornisa construido en 1977, hasta la silleta del Abra de Potrerillos, desde donde se observa una espectacular vista panorámica.
Siguiendo por la quebrada rumbo a Humahuaca, la parte más colorida de toda la quebrada puede verse al recorrer un trayecto de 12 Km., desde la desembocadura del río Purmamarca hacia el norte. A partir de la Posta de Hornillos (posta creada en 1772 y que actualmente funciona como museo), que impone otro alto para recorrer sus restaurados patios y habitaciones, aparecen a mano derecha en el pueblo de Maimará,
numerosas franjas de colores sobre las montañas, conocidas como la Paleta del Pintor. Un artista ciclópeo parece haber ensayado su obra mezclando colores y haciendo ondas al probar. En una ladera cercana al pueblo, se puede observar el cementerio local, que como casi todos los de la quebrada presenta una característica: que la mayoría de las tumbas están pintadas en colores vivos.
Siguiendo hacia el norte nos encontramos con Tilcara. Es uno de los puntos turísticos más famosos de la quebrada, pero lo que atrae a decenas de miles de visitantes por año, es el famoso Pucará de Tilcara. No es exactamente un pucará o fortaleza sino un poblado o mohuaca situado en una posición estratégica en medio del Río Grande, erigido por los indios omoguacas en torno al siglo X, en lo alto de un cerro.
Mediante las excavaciones realizadas en un sitio donde los indios ponían la basura, se estableció por el método del radiocarbono que el hombre llegó allí por primera vez alrededor del 1050 después de Cristo. El lugar estuvo poblado de forma ininterrumpida hasta que llegaron los conquistad
ores a mediados del siglo XVI, entonces las tierras fueron repartidas entre los españoles. Fue reconstruido entre los años 1860 y 1865, pudiendo verse los corrales para llamas, sendas, dormitorios y sepulcros.
Unos kilómetros más adelante, se encuentra el monolito que señala el Trópico de Capricornio. Al mediodía de cada 21 de diciembre, cuando comienza el verano, el monolito proyecta una sombra absolutamente perpendicular.
Al norte de Tilcara se encuentra Uquía, lugar que fue poblado por los indios uquías, tiene una capilla construida en 1691.
Es una de las iglesias más antiguas del noroeste, en su interior unos cuadros de "arcángeles arcabuceros" de la escuela de Cuzco y un retablo cubierto por láminas de oro.
Finalmente llegamos a Humahuaca, villa que da nombre a todo este mundo, pueblo de calles angostas fundado en 1591 que se halla a orillas del Río Grande, enclavado entre montañas. Domina toda la ciudad el monumento a la Independencia, obra de Ernesto Soto Avendaño, recuerdo de las once invasiones realistas que resistió la población. Entre las construcciones a resaltar se encuentran la iglesia de la Candelaria, el Cabildo local, donde a las 12 aparece la imagen articulada de San Francisco Solano, y el "Museo folklórico regional" donde se pueden apreciar curiosos artefactos, trabajos en la calada madera del cardón, ropa y los frutos de la tierra, que dan una idea de la vida en la quebrada antes de que los conquistadores pusieran su pie en esta tierra polvorienta. Todo en esta ciudad es típico. Sus calles angostas y empedradas con canto rodado, su iluminación con faroles de estilo colonial y su población aferrada a antiguas tradiciones de raigambre incaica. Cuenta en la actualidad con 3960 habitantes y se encuentra a 2939 metros de altitud. La recorrida por Humahuaca no debe finalizar sin una visita a la feria ubicada junto a la estación de ferrocarril donde los comerciantes ofrecen productos típicos del Altiplano.
En los restaurantes, en los puestos de comidas de las ferias, en todas las fiestas de la quebrada y la puna y hasta en la estación de Humahuaca, a la llegada del tren, se ofrecen los típicos platos de la región. Estos son el tulpo, una espesa sopa que lleva maíz pelado, charqui (tiras de carne secadas al aire libre) y chicharrones; la calapurca, sopa de carne, maíz remojado y pan calentado con piedras al rojo vivo; y el yuspichi, un guiso de trigo pelado, agua caliente y ceniza. Entre las bebidas se destaca la chicha, cuya elaboración sigue siendo casera. La chicha tiene poco alcohol y es el resultado de la fermentación de cereales o frutos en agua azucarada. La fermentación más tradicional se hace en ollas de barro. En Jujuy hay variedades de chicha: de maní, de chañar, uva, manzana y de algarroba, aunque los expertos en la materia aseguran que la chicha más típica es la de maíz.
Humahuaca con su colorido y pintoresco paisaje, punto final de la quebrada y nacimiento de la puna, es también el lugar elegido para despedirnos del noroeste argentino. Más allá el desierto jujeño, donde la vista se pierde, donde el viento sopla fuerte.

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