El cambalache de Marlen - Número 2

 

 

Tucumán, el jardín de la República

 

Tierra de vigorosos rasgos naturales y de acusados contrastes, paisajes lunares, selvas impenetrables, cientos de ruinas indígenas, pueblos de adobe, capillas jesuíticas y arte rupestre, arroyos límpidos, caminos desérticos, gente cordial, bodegas y artesanos y mucho sol.
El noroeste argentino es un todo bien compenetrado entre si por los caminos de las quebradas de Tucumán, Salta y Jujuy. El hombre advierte que en todo el ámbito de este espacioso sector de la Argentina se respira un mismo aire, se vive bajo un mismo cielo de pureza, se ven los mismos árboles y
hierbas y se disfruta de la misma comida y costumbres, es decir que podemos hablar de una misma provincia geográfica.
Comencemos a transitar los caminos que hace cientos de años recorrieron los conquistadores españoles por esta mágica y misteriosa región de la Argentina. En primer lugar nos encontramos con la provincia de Tucumán, llamada "El Jardín de la República" por lo exhuberante de su vegetación, que con una superficie de 22.524 km2 brinda al turista paisajes hermosísimos. A menos de 2 horas de vuelo desde Capital Federal, 1300 km de distancia, encontramos la ciudad de San Miguel de Tucumán, puerto de entrada al noroeste argentino.
Esta ciudad, con 473.014 habitantes según el último censo de 1991, es la capital de provincia más pequeña y más densamente poblada del país.
La Casa histórica de la provincia fue el lugar donde el 9 de julio de 1816 se reunió el Congreso General Constituyente que declaró la independencia nacional. Conserva aún la sala donde sesionaron los congresistas. En ella se exhiben algunos objetos que fueron usados durante la jura de la independencia, y en el patio de la Casa de Tucumán se puede admirar un bellísimo bajorrelieve de la famosa artista Lola Mora.
En el Parque 9 de Julio de San Miguel de Tucumán encontramos la Casa del Obispo Colombres, típica construcción colonial del siglo XVIII, donde se guarda el primer trapiche utilizado en la iniciación de la industria azucarera. El azúcar es la clave de la economía de la provincia. La población trabaja en la preparación de surcos, en la renovación de cañaverales viejos, pero sobre todo la más solida fuente de trabajo es la zafra o cosecha, que se inicia a fines de mayo y se prolonga hasta setiembre u octubre. Se moviliza entonces toda la región y las zonas aledañas. Llegan "braceros" desde la Puna y las quebradas, desde Catamarca y desde el monte de Santiago del Estero, llegan los indios del Chaco y Formosa, y también llega un importante flujo de bolivianos. El panorama se puebla de viviendas precarias hechas con caña y hojas, donde viven los braceros y sus familias. Otros se instalan en modestas viviendas colectivas. Todos participan en la tarea de "pelado" de la caña: hombres, mujeres y niños.
La iglesia catedral de San Miguel de Tucumán fue el primer edificio neoclásico del noroeste argentino. Fue erigida entre 1845 y 1852 y es uno de las tres más antiguas del país. El paso del General Manuel Belgrano, uno de nuestros principales próceres, por la ciudad ha quedado marcado en la imagen de la Virgen Generala de La Merced, que conserva el bastón de mando que le entregó Belgrano.
Centro de cultura de la región noroeste argentina, en la ciudad de Tucumán funciona una universidad pública: la "Universidad Nacional de Tucumán", fundada en 1912, que cuenta con 18 facultades, 1015 profesores y 33.612 alumnos de acuerdo al último censo; y la universidad privada: "Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino", fundada en 1958 con 11 facultades, 446 profesores y 2193 alumnos.
Si desea un alojamiento de gran confort, Grand Hotel del Tucumán (Tel. 24 5000), un inmejorable 5 estrellas. Y a la hora de comer, La Leñita es una popular parrilla de la ciudad, en El Jagüel el menú es refinado y en La Rural se puede comer con una inmejorable vista al campo de polo.
Un recorrido por los alrededores de la ciudad nos lleva hasta Villa Nogués, donde se puede conocer la iglesia y comer un trozo de torta acompañada por un rico té en la hostería.
Por la misma ruta 9 llegamos al dique El Cadillal que embalsa las aguas del río Sali y que forma un lago artificial que se ha convertido en lugar de esparcimiento para los tucumanos.
Y continuamos viaje hacia los Valles Calchaquíes. Lo hacemos a través de la cornisa asfaltada de la ruta provincial 307 que se introduce en una selva de cedros, laureles, tipas, nogales y lapachos cubiertos de helechos. A lo largo del faldeo se pasa junto al monumento al indio calchaquí, un coloso de cemento. Algo más arriba, se cruza la localidad de La Heladera (nombre que se le da al frigorífico en Argentina), así llamada en alusión a la temperatura de las aguas que descienden de esa estrecha quebrada lateral.
De repente la vegetación se torna espesa, casi tropical. Es donde comienza la Quebrada de los Sosa, una de las quebradas más hermosas del país, cruzada por un torrentoso curso de agua que tiene el nombre de Río de Los Sosa. En este río, al igual que en el resto del territorio de la provincia, se permite pescar entre el 1º de abril y el 30 de setiembre, con un máximo de 15 piezas capturadas con un largo mínimo de 30 centímetros. Habitualmente los ejemplares de trucha extraidos son de unos 45 cm. de longitud.
Luego de unos 25 km. de cornisa, la Quebrada de Los Sosa se transforma en el Valle del Tafí a 2000 m. a nivel del mar de altura media. La vegetación subtropical desaparece y se abre un ancho paisaje semejante al de los valles del altiplano. En este marco se desarrolló una de las primeras culturas agroalfareras del territorio: la cultura Tafí. Un lago artificial separa las dos localidades de la región: El Mollar y Tafí del Valle, centros veraniegos muy apreciados por los tucumanos.
Arribamos a Tafí, hermoso lugar turístico en pleno Aconquija, a 110 km. de la capital de la provincia. En la antigua iglesia jesuítica, se conservan valiosos cuadros. Como alojamiento, recomendamos la Hostería del ACA (Tel. 21 019) y el Hotel Colonial (Tel 21 067), modestos pero confortables. En los cerros de los alrededores se cazan venados y guanacos. El clima del valle es muy agradable en verano, mientras que en invierno puede ser frio y neblinoso. La nieve es frecuente en esta época del año y el Abra del Infiernillo, que alcanza 3.400 m. de altura sobre el nivel del mar, a veces queda interrumpido por ese motivo durante breves períodos.
Amaicha del Valle, del aimará "ainacha" que significa cuesta abajo, es una localidad poblada desde antes de la conquista donde subsisten todavía algunas antiguas tradiciones cooperativas indígenas. Es uno de los principales centros de artesanía de los valles entre los que se destacan los trabajos en madera, cobre, y plata, los tejidos en telar y las cerámicas, siendo sus diseños basados en un criterio antropológico de las culturas que habitaban la región. Las fiestas de la Pachamama (Madre Tierra) que se celebran para Carnaval en Amaichá, son muy originales y merecen un viaje para compartir este homenaje indígena a la tierra.
Continuando el viaje hacia el noroeste encontramos las ruinas de la ciudad fortaleza de la tribu de los quilmes. Los quilmes fueron la tribu indígena más belicosa de los valles. Con su derrota en 1665, se puso fin a las guerras calchaquíes que duraron 35 años, y adoptando el mismo sistema de deportación en masa que utilizaban los incas con los pueblos sometidos, por orden del gobernador de Tucumán fueron despachados a pie hasta las orillas del Río de la Plata en un viaje de 1000 km. De las 260 familias que partieron, la mayoría no llegaron jamás a establecerse en la reducción de la Exaltación de la Cruz de los Quilmes.
Y aquí, recordando por un momento las tribus de indios que pisaron esta tierra y rindiéndoles nuestro pequeño homenaje, hacemos un alto en nuestro viaje para reponer fuerzas.

Ir al principio

Ir a página inicial